El cuerpo físico es la estructura sostenedora de nuestra mente y de nuestra anatomía de energía. Ya sabemos que la mente se extiende por todo el cuerpo físico y más allá. Lo mismo ocurre con nuestra anatomía de energía.
Cuidar el cuerpo físico favorece el equilibrio físico, mental, emocional y espiritual.
Caminar
En 2010 empecé a redefinir dentro de mí incluso el concepto de caminar.
Celularmente había aprendido que caminar era para ir a «algún sitio» a «hacer algo».
Empecé a aprender a caminar conscientemente.
Sabiendo que mi Presencia importa.
Con cada paso que doy.
Sobre Gaia – Madre Tierra.
La Tierra celebra tu Presencia.
Escuchar
En 2010 tomé conciencia de algo muy importante: realmente no era capaz de saber qué órgano de mi cuerpo me hablaba cuando sentía alguna molestia en mi cuerpo físico.
Así que, empecé a escuchar con más atención a mi cuerpo y a hablar con mis células.
Hablar a las células de tu cuerpo es una forma de amor propio.
Sueño reparador
La calidad de mi sueño ha mejorado desde 2010. En aquel momento, me iba a dormir justo después de trabajar con el ordenador o ver la tele, con mucha energía estática y con carencia de agua en mi cuerpo. Dormía poco y llegaba al final del día agotada.
En 2010 empecé a cambiar y mejorar algunos de los hábitos de mi día a día. Y a aprender a usar herramientas para equilibrar y dirigir conscientemente mi energía personal a lo largo del día. Así, ahora cuando llega el final del día me voy a dormir porque es el momento de hacerlo, y no porque esté agotada como hace años.
La paz interior favorece un sueño reparador.
Agua
Fundamental para el equilibrio.
Cuando tenía 16 años, empecé a dejar de «picar entre horas». Y me propuse comer solo en las tres comidas principales del día, y si tenía hambre a media mañana almorzar y por la tarde merendar. Fuera de esas 5 comidas, si «me entraban ganas» de comer, bebía agua y se calmaba ese «comer sin hambre». Dejé de tomar bebidas gaseosas y chuches.
Ya de adulta, y desde hace años empiezo mi día bebiendo lentamente un par de vasos de agua. Y me observo por dentro, cómo mi aparato digestivo se refresca y se despeja. Y continúo bebiendo agua entre las comidas a lo largo del día.
Mantener un buen nivel de hidratación, día tras día, favorece el equilibrio de nuestro cuerpo físico y energético.
Respirar
Me da alegría. Y me hace sonreír. Sé respirar desde que nací 🙂
A los 16 años empecé a hacer ejercicio físico en casa, antes de ir a clase. Y ahí es cuando empecé a tomar conciencia de la respiración, porque tenía que tenerla en cuenta y sincronizarla con los momentos de esfuerzo y los momentos de relajación (muscular).
En meditaciones aprendí la importancia de una respiración profunda y consciente.
Inolvidable el aprender a respirar para dar nacimiento a otro ser humano.
Y el momento de la exhalación final, que puede ser el regalo de un despertar.
Respirar conscientemente es una comunión con Gaia,
un dar y recibir equilibrados, una poesía en movimiento,
el fundamento de la vida aquí en el planeta Tierra,
tras la chispa del nacimiento.
Lolita.
Cada respiración profunda y consciente alegra y alarga la vida.
Respira profundamente y sonríe
Sin culpa, vergüenza ni juicio 💖😊
Lolita.
