Vivir energéticamente consciente

Evolucionar es un proceso: paso a paso. Y eso, al inicio de mi despertar a la dimensión espiritual de la vida, me resultaba maravilloso, placentero, emocionante, y me llenaba de felicidad y alegría.

Luego, a lo largo de los años, he vivido también momentos de “impaciencia” y “frustración” con los aspectos que más me ha costado y me está costando aún transformar en mí misma, por tratarse de aspectos subconscientes, restricciones limitantes o patrones hereditarios ancestrales.

Aunque fui educada en la religión católica, no continué por ese camino más allá de la primera comunión, porque no resonaba, no vibraba con aquellas experiencias y enseñanzas en la iglesia. Y, siendo adolescente, establecí como parte de mi identidad personal de aquél momento: «no creo en Dios». Y empecé a buscar en qué creer. Y pasaron los años, crecí, fui madre y seguía «sin creer en Dios».

Cuando mi padre murió, yo tenía 32 años recién cumplidos y me dio el regalo de mi despertar espiritual. Había sido ingresado en el hospital en coma y nos dijeron que era «cuestión de horas». Yo estaba junto a él, hablándole y dándole ánimos para que «no se fuera». Entonces, tomó sus últimas tres respiraciones. Cada vez más profundas. Y con la última exhalación larguísima… sentí cómo su alma dejaba su cuerpo. Yo no creía en el alma en aquél momento. Lo que experimenté en pocos segundos fue cómo una energía muy poderosa, una ráfaga de algo que no era visible, salió de su cuerpo y vino hacia mí, me atravesó y siguió su camino, expandiéndose por todas partes y fuera del edificio donde estábamos. Todas mis células vibraron y algo cambió dentro de mí. Miré el cuerpo sin vida de mi padre y sabía que mi padre «ya no estaba ahí». Ése había sido su cuerpo físico, su vehículo aquí en el planeta; pero su alma, su esencia, ya no estaba en su cuerpo. Podía percibir a mi padre en todas partes, dentro de mí en mis células, en los árboles, en la brisa, en las gotas de lluvia que caían, en el sol… Sentía una paz profunda, alegría y ganas de celebración. Ahora sé que esta sensación era la energía del Amor Infinito, de Dios, del Universo, de la Vida misma. Llevé álbumes de fotos de familia para que las personas que vinieron a despedirse de él pudieran celebrar su vida viendo fotos de su vida cotidiana y escuchando los relatos; yo sabía de manera natural que mi padre quería eso. Aquel día celebré su vida, no sentía tristeza ni ganas de llorar. Luego, otros días, tuve mis momentos personales y privados de llanto y duelo. Y unos meses después algunas cosas de mi vida diaria dejaron de tener sentido para mí. Y empecé a hacer cambios, entre ellos finalizar algunas relaciones y proyectos de trabajo.

Dos años después, en 2010, empecé mi trabajo evolutivo conscientemente, con estos objetivos:

  • anclarme en la Tierra,
  • equilibrar mi dar y mi recibir y
  • sentirme nutrida desde dentro.

Ha sido un trabajo día a día, he dedicado mi tiempo y mi dinero y me gusta ver los resultados. Ahora tengo un estilo de vida más elegante y amable, conmigo misma primero. Me he redefinido en muchos aspectos de la vida cotidiana, al ir transformando la rigidez y la dureza en suavidad, en flexibilidad, y transformando el sesgo de «revolucionaria» en «evolucionaria», día a día. He ido tomando conciencia de mi cuerpo físico, cada día más. Y he mejorado en escucharme, en cuidarme, en nutrirme a mí misma más conscientemente. Han cambiado mis células y mi cuerpo se ha expandido al liberarme de los corsés; autoimpuestos algunos, aprendidos celularmente otros.

Empecé a estudiar mi UCL®, como sistema dentro de mi anatomía energética, con todo tipo de detalles, todo era coherente para mí, era como encontrar un tesoro, y sabía que había mucho más por descubrir y aprender.

Y eso me gusta, aún hoy, saber que siempre hay más: así la vida es muy jubilosa para mí.

Tenemos a nuestra disposición como humanos, una fuente de Energía Universal inagotable para apoyar y generar nuestro equilibrio energético y nuestra vida.

¿Qué sentido tienen entonces las relaciones de dependencia y basadas en el control y el abuso de unas personas a otras, de unos colectivos a otros, de unos países a otros?

Ningún sentido.

Tenemos lo necesario para poder vivir en paz individual y colectivamente.

¡Y ésta es una maravillosa noticia! ¡Podemos evolucionar el diario vivir hacia el equilibrio, viviendo energéticamente conscientes!

Empoderamiento lleno de Paz

Sin culpa, vergüenza ni juicio 💖😊

Lolita.

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