- Bienestar, adicción, dopamina y autoestima
- El ritmo de Internet al principio era más «lento», al coger velocidad ¡evolucionemos!
- 3 CLAVES para la evolución de Internet, las redes sociales y la IA hacia el equilibrio
Bienestar, adicción, dopamina y autoestima
¿Cuándo estamos ante una adicción y cuándo se trata del disfrute de algo placentero que nos magnetiza porque nos genera bienestar? ¿Qué tienen que ver la dopamina y la autoestima en todo esto?
Cualquier adicción empieza por el uso o consumo de una sustancia o experiencia que inicialmente resulta placentera o beneficiosa de alguna manera para la persona.
Cuando el uso o consumo sigue un patrón de repetición y provoca situaciones desfavorables o negativas para la persona y su entorno, podemos hablar de abuso del consumo o uso arriesgado.
Y empezaremos a hablar de adicción cuando, además de repetición y efectos negativos, haya un comportamiento compulsivo e incontrolable y aparezca la tolerancia del consumo, que es cuando la persona necesita más cantidad o más frecuencia para obtener los estados placenteros o beneficiosos iniciales.
La adicción, por definición, implica dependencia y falta de autocontrol. Esto genera en la persona malestar, culpa y desequilibrio físico, mental y emocional. La autoestima de una persona está al mismo tiempo en el origen y en los efectos de la adicción.
La base del proceso de la adicción está en el llamado circuito de recompensa del cerebro y la acción de la dopamina, un neurotransmisor. El uso o consumo de sustancias o experiencias que refuerzan la liberación de dopamina activa el circuito de recompensa del cerebro. Y cuando el cerebro se adapta al incremento en la secreción de dopamina, desacelera su transmisión. Entonces, empieza una urgencia fisiológica por obtener la recompensa de nuevo.
Por ejemplo, podemos hacer un uso del mundo virtual y redes sociales inicialmente por diversión, placer o para solucionar un problema y puede terminar convirtiéndose en un uso abusivo o adictivo simplemente para obtener el chute de dopamina. Desde mirar el móvil de manera repetitiva y compulsiva sin reflexión previa, para ver si tenemos mensajes nuevos, likes o una contestación deseada, hasta entrar en Internet a consumir cualquier tipo de contenidos (fotos, vídeos, memes, pornografía, lecturas, juegos, etc).
Como seres humanos tenemos el poder de decidir el uso o abuso que hacemos de las diferentes herramientas tecnológicas y contenidos que hay disponibles. Sabiendo que el uso abusivo puede terminar en adicción y con efectos perjudiciales también para nuestro entorno. Y sabiendo que el cuidado de las personas más jóvenes y que están en crecimiento es responsabilidad de las personas adultas y de las empresas tecnológicas.
El ritmo de Internet al principio era más «lento», al coger velocidad ¡evolucionemos!
A finales de los años 90 del siglo pasado (¡qué risa me da decir eso del «siglo pasado»! 🙂 ), mi trabajo era investigar en una universidad sobre las Nuevas Tecnologías aplicadas a la Educación. Además de Ingeniería Técnica en Informática de Sistemas, había estudiado Magisterio, y esto me permitía aportar mi visión pedagógica. Usaba diariamente ordenadores para trabajar y para seguir estudiando. Y el fundamento para diseñar y programar aplicaciones de formación online era siempre pedagógico y de usabilidad: para facilitar la interacción y la comunicación entre las personas que serían las usuarias (profesorado y alumnado) y facilitar el acceso a los materiales didácticos. El propósito era que el entorno de trabajo resultara agradable, intuitivo a la hora de utilizarlo y que ofreciera tanto la posibilidad de comunicación en tiempo real (síncrona), como en diferido (asíncrona). Además, investigaba en opciones para realizar el seguimiento de la actividad del alumnado en el aula virtual, con fines pedagógicos y didácticos, no comerciales, ni para recabar datos personales, ni mucho menos para generar adicción.
Eran los inicios de la comunicación online; Internet tenía un ritmo «lento», comparado con el ritmo que hay ahora en cuanto a interacciones, producción y consumo de contenidos.
Cuando has vivido día a día lo que llamo «la puesta en marcha del uso social de Internet», puedes ver que no importa cómo se llame la aplicación «de moda» que utilizas para comunicarte con otras personas, ni qué tipo de dispositivo utilizas (móviles, ordenadores o consolas). El patrón de relación de las personas con los dispositivos y con Internet sigue teniendo igualmente el riesgo de la adicción. Aunque ahora ese riesgo de adicción es mayor debido a los algoritmos que utilizan algunas de las empresas tecnológicas, basados en «ganar cuanto más dinero mejor, aunque sea a costa del bienestar de las personas usuarias» .
Como sociedad, como humanidad, tenemos que cuidarnos. Esto requiere una reflexión y tomar medidas que favorezcan el equilibrio y el bienestar individual y colectivo.
¿Importa el uso que se hace de los contenidos que hay publicados en Internet y redes sociales? Evidentemente sí. No todo vale. Cuando la respuesta «si está público puedo usarlo como quiera» la da una persona menor de edad, es reeducable. Cuando esta misma respuesta la da una persona adulta, es auto-reeducable.
3 CLAVES para la evolución de Internet, las redes sociales y la IA hacia el equilibrio
(por Lolita Terol Rivas)
- El bienestar de las personas menores de edad es responsabilidad de toda la sociedad (toda, toda, la sociedad: incluidos los propios menores de edad, sus familias, los centros educativos, las empresas tecnológicas y todas las demás personas adultas). En concreto, las empresas tecnológicas deberían identificar a cada una de las personas usuarias de sus aplicaciones (pidiendo documento oficial, como el DNI en España).
- Las personas adultas que no han aprendido todavía a generar y cuidar su propio bienestar, encuentran más difícil participar en el cuidado de las demás personas. La buena noticia es que cada persona puede cambiar lo quiera de su forma de ser: hoy es un buen momento para empezar.
- Las personas, especialmente menores de edad, debemos decidir bien qué aplicaciones utilizamos para nuestro ocio y relaciones y qué contenidos subimos de forma pública. En el caso de las personas menores de edad, la recomendación que os doy en primer lugar es que si ya tenéis subidos contenidos públicos, los cambiéis a modo privado. Y lo más importante: RESPETO (a tu propia persona y a las demás) y VERDAD (si en casa no te supervisan lo que haces con el móvil, di la verdad si te surge cualquier problema en las redes. Dilo en casa, o a otros familiares, amistades o profes, porque la consecuencia que vas a tener por decir la verdad de lo que has hecho en redes siempre va a ser «mejor» que si ocultas lo que está ocurriendo. Puede que te lleves «una bronca» o «una reflexión», pero luego ya tienes el apoyo de los adultos para resolver la situación). Y atención para darte cuenta si estás empezando a «humanizar» a los chatbots (robots de conversación). ¿Estás dejando de lado relaciones humanas «a cambio» de pasar horas chateando con una «pareja virtual» que te hace sentir importante y te presta atención «al instante»? Recuerda que es solo un programa informático. Respira hondo y sal de ahí.
En España, en junio 2024 se aprobó el Anteproyecto de Ley Orgánica para la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales. Tiene el objetivo de garantizar los derechos de los menores en el ámbito digital, especialmente el derecho a la intimidad, al honor y a la propia imagen, así como el derecho a la protección de sus datos personales y al acceso a contenidos adecuados para su edad. Esta norma adapta el marco legal a la modalidades delictivas en entornos digitales. También eleva de 14 a 16 años la edad mínima a la que se puede dar consentimiento al tratamiento de datos personales. (Desde mi punto de vista, para que esta medida realmente funcione, las empresas tecnológicas deberían hacer verificación real de la edad de las personas al crearse nueva cuenta, solicitando documento oficial de identificación y contrastando la información con las bases de datos oficiales de cada país). En el ámbito educativo, incluye planes de formación específica, educación en ciudadanía digital y alfabetización mediática, privacidad y propiedad intelectual.
Mi aportación en este momento es desde mi trabajo como profesora de informática en Educación Secundaria, mis publicaciones y comentarios educativos en redes sociales y mi trabajo personal evolucionario (sigo practicando para cuidarme y respetar mi cuerpo al usar dispositivos electrónicos).
Sin culpa, vergüenza ni juicio 💖😊
Lolita.




